Abre los ojos (haciendo tiempo)

O como el mensaje en mi móvil a las 12:00 de esta mañana. De esos que esperabas tres días después, no seis meses después. Y empiezas a sudar porque te sientes presa de una promesa hecha hace demasiado tiempo y porque sabes que no tienes excusa. Y sufrirás las primeras horas y acabarás pensando que volverá a ocurrir. Sin remedio. Y quizás no sea tan malo.
O como esta tarde, abriendo los ojos, porque las cosas pasan y es seguro. Puedes imaginarlo, suponerlo pero cuando realmente lo escuchas comprendes que es cierto. No hay incógnitas: Seré la última. A pesar de obligarme a retrasarlo todo, esperando nuevas y mejores opciones que nunca llegan. Me toca: soy la última. No hay marcha atrás.
O como unas palabras al final del día: eres mala conmigo, yo contigo soy un pedazo de pan, eso te lo aseguro.
Porque las cosas pasan, aunque las deje para lo último, porque no quiero que pasen, pero es engañarme: las cosas están pasando y yo sin enterarme porque no abro los ojos.
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